La Biblioteca Palafoxiana en la Memoria del Mundo: una puerta a sus maravillas

Diana Isabel Jaramillo Juárez

“La mitad de lo pensado no tiene otra materia prima sino lo que es pensado”.

Pascal Quignard, Pequeños Tratados.

El presente texto tiene la finalidad de responder a la pregunta: ¿Qué representa para la memoria del mundo la Biblioteca Palafoxiana?

Para Alberto Manguel, una biblioteca es la memoria de la sociedad. Para Puebla, la Biblioteca Palafoxiana no sólo es la memoria de la sociedad mexicana, sino del mundo, por decreto oficial de la Unesco desde 2005 y, avant la lettre, desde el siglo XVII. ¿Por qué el reconocimiento?

Para responder, enunciemos la primera particularidad de esta biblioteca: nace a partir de la donación del tesoro bibliográfico a los colegios tridentinos, de un hombre plenipotenciario y con un pensamiento claramente humanista, el noveno obispo de Puebla, Juan de Palafox y Mendoza; estableció la biblioteca con la condición de dejar la entrada libre a cualquier persona. Este atributo la distinguió del resto de las bibliotecas novohispanas que restringían la entrada a quienes no estaban vinculados con las instituciones a las cuales los acervos pertenecían. Por lo tanto, no hubo otra biblioteca en América concebida para fungir como biblioteca pública a fin de colaborar en la formación del pensamiento de la nueva sociedad. Aunque el concepto de lo público en aquella época está a debate por la historiografía, el espíritu de la ley de Palafox estableció un precedente fundamental en el quehacer bibliotecario.

Ahora bien, la Biblioteca Palafoxiana contó con un cuerpo normativo desde 1646. En dichas ordenanzas se dispuso el horario de servicio, un régimen para la consulta y lectura de los libros, con sus respetivas sanciones, que incluían la excomunión en caso de robo bibliográfico, instrucciones sobre la conservación de los libros, así como disposiciones acerca de la adquisición de acervo y de las obligaciones de los bibliotecarios. Esta normatividad fue la base para el reglamento que posteriormente promulgó el obispo Francisco Fabián y Fuero —en 1771—, el cual funcionó hasta 1851 cuando se establecieron nuevas disposiciones reglamentarias debido a la desamortización de los bienes eclesiásticos.

Un tercer aspecto que sobresale es la ciudad donde está ubicada: la Puebla de los Ángeles. Fundada en 1531, fue la segunda población en importancia social, económica y política en el virreinato de la Nueva España. En la estructura eclesiástica, la diócesis de Tlaxcala-Puebla también fue toral para la Iglesia y la Corona española (asimismo, en la actualidad hay un reconocimiento particular a la ciudad al ser su Centro declarado por la Unesco, Patrimonio de la Humanidad, en diciembre de 1987).

Personajes muy importantes estuvieron vinculados a la creación, al desarrollo, a la conservación y difusión de la Biblioteca Palafoxiana. En primer lugar, Juan de Palafox y Mendoza, personaje que desde el siglo xvii y hasta nuestros días es objeto de estudios desde distintas disciplinas, tanto en América como en Europa. Tras su partida, Palafox dictó ordenanzas claras sobre el uso y crecimiento de la biblioteca, al grado de aportar dinero para que se continuaran adquiriendo novedades editoriales, tarea que obispos sobresalientes en el arte y la cultura novohispanas, Manuel Fernández de Santa Cruz y Francisco Fabián y Fuero, llevaron a cabo. Este último incorporó el acervo de cinco colegios jesuitas tras la expulsión de la Compañía. Fabián y Fuero, es necesario acotar, vivió en el periodo de la Ilustración y aplicó medidas que transformaron la vida social y religiosa de Puebla; a él se le debe la instauración de la nave principal de la Biblioteca y sus dos primeros pisos de fina estantería (1773); un trabajo de ebanistería exquisito, emblema del Barroco americano.

Se trata, pues, de la única biblioteca sobreviviente que conserva el concepto y la estructura tipo de una biblioteca novohispana: tanto en la integración bibliográfica, la disposición de sus materias, como en su arquitectura. Ambos elementos le valieron los nombramientos Monumento Histórico en 1981, Memoria del Mundo por la Unesco en 2005 y Ciudad Patrimonio del Mundo por el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Madrid, en 2017. El modelo de biblioteca novohispana debió tomar muchos elementos de Europa, principalmente del reino de España, por lo que en esta se pueden apreciar las características generales de las bibliotecas hispanas adaptadas al virreinato.

El fondo bibliográfico palafoxiano es una expresión del pensamiento universal con un amplio sentido diacrónico y espacial que abarca diversas materias del árbol del conocimiento tridentino: Ciencias Eclesiásticas, Ciencias Naturales, Ciencias Exactas. En la colección bibliográfica puede apreciarse con claridad y contundencia el desarrollo del pensamiento europeo y el americano. En la organización de las materias lo mismo están los principales autores del medievo europeo o de la antigüedad clásica, como los pensadores oriundos del continente americano; un acervo que se configuró para contrarrestar el pensamiento reformista y se conservó por ser el espacio donde se encontraban las noticias, historias, poemas, diatribas y correspondencias de una sociedad demandante y productora de cultura.

Sobre el orden que tiene el acervo, se sabe mediante testimonios guardados en su colección de manuscritos y pliegos sueltos, así como a través de los inventarios parciales que datan de finales del siglo xviii, que éste corresponde a los años postrimeros de dicha centuria, el cual se conservó integrando solo los libros que iban ingresando por donaciones particulares sin alterar la disposición.

El origen de ciertas colecciones se estableció gracias a elementos de su determinación técnico-material (el soporte, la escritura, la reproducción y la paginación). Los lugares de procedencia del material son múltiples: desde los impresos de Puebla de los Ángeles, los primeros impresos mexicanos, hasta los impresos de algún lugar de Hispanoamérica y Europa. Asimismo, la estructura material de los libros nos remite a los valores estéticos de la historia de la imprenta. En los libros de la Biblioteca Palafoxiana se encuentran grabados que fueron hechos mediante las técnicas denominadas xilografía, los más antiguos, calcografía y litografía. La cantidad de impresos novohispanos conservados proporciona una riqueza de información en cuanto a los impresores y grabadores de esa época.

Pascal Quignard reflexionó sobre la materialidad o la determinación físico-individual de un libro: cada ejemplar tiene una historia propia por la interacción que tuvo con su autor y sus lectores, mostrada a veces en la marginalia de sus páginas, y el estudio de esta determinación muestra la metamorfosis de las lecturas, de las sensaciones, de las reflexiones, de las rememoraciones bio-biblio-gráficas. La Palafoxiana es producto de un sinnúmero de lectores que encontraron ideas y razones para conservar cada volumen, ya fuera porque alentó la impresión de otros libros o porque animó contrarrazones. Estos libros contribuyeron a desbaratar reglas, a librar de angustias, a evitar soledades, a gustar del silencio, a sentirse libres o cuestionarse si era libertad; han sido, como decía Palafox: las armas de guerra contra las tentaciones y el movimiento de Reforma. En conjunto: fondo bibliográfico, recinto y mobiliario, responde a toda una concepción del conocimiento virreinal y la forma de transmitirlo a través de los libros, una concepción particular para la historia de México y de Hispanoamérica.

El reconocimiento a la valía y originalidad de esta biblioteca ha quedado plasmado por la pluma de varios y reconocidos autores, uno de tantos, de la época virreinal, Echeverría y Veytia, afirmó: “Contenía muchos libros modernos y apreciables, quedando tan abastecida y completa, que no tiene igual en el reino y aun en España serán pocas (fuera de las reales) las que pueden competirla, en el conjunto de sus circunstancias”. Hacia mediados del siglo xix, el cuidado de la Biblioteca, por las Leyes de Reforma, pasó a manos del Estado y liberales, como Ignacio Comonfort, quienes dieron cuenta del valor intelectual que la misma significaba. Para finales del xix, la Palafoxiana continuó con sus labores de acervo bibliográfico de consulta pública, pero también como museo del libro, actividad que muchas bibliotecas de fondo antiguo fueron adoptando.

Hoy día, en la era digital, las bibliotecas de fondo antiguo pueden enfrentarse a una amenaza muy real sobre su uso, pues no son pocos los que cuestionan la inversión, por ejemplo, en su conservación y medidas de prevención; no obstante, prevalece su fortaleza de no poder ser replicada, de ser un producto cultural irremplazable, resultado de la interacción de tantos hombres durante tantos siglos. En función de este compromiso de conservación, como las bibliotecas ideales del mundo, la Palafoxiana desarrolló herramientas para adaptarse a sus nuevos lectores, para conservar su acervo y para difundir la práctica del pensamiento libre desarrollando herramientas para su divulgación, consulta, lectura y preservación por mil años más. Se abrió una nueva etapa de la Sala Lúdica centrada en la historia del libro y las ideas que cambiaron el rumbo de la ciencia, donde los más pequeños tienen actividades que generan curiosidad por las artes de la edición, de la impresión y del arte del grabado. El objetivo de esta sala aledaña es sembrar en los pequeños la necesidad y amor por los libros y su legado.

En cuanto a las labores propias de la biblioteca, hemos contado con el apoyo de instituciones como Adabi en el proceso de catalogación y de El Colegio de México para extender el catálogo bibliográfico a todo el mundo. Así también, desarrollamos, a través del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Puebla una app que se encuentra en módulos, para que se pueda visitar la biblioteca con guía interactiva en otro idioma o bien para saber más sobre la historia de la misma, así como para hojear libros que despierten el asombro y la curiosidad. Se han publicado libros facsimilares comentados de algunas rarezas editoriales o con información de valor para los estudiosos. Para el cuidado de cada ejemplar, la Biblioteca cuenta el taller de restauración de la Palafoxiana está pendiente del mantenimiento de cada ejemplar que pende de su estantería.

En suma, nos queda material para la reflexión sobre la importancia que tiene la Palafoxiana en la memoria del mundo, esto es, en la visión literaria, científica e histórica. Su valor de acervo bibliográfico es incalculable porque sus libros siguen animando a los lectores en turno a criticarlos, comentarlos y mantenerlos más allá de ese primer acercamiento. La Biblioteca Palafoxiana, cada uno de esos libros antiguos, de esas fuentes originales que la conforman, es la síntesis de nuestra formación como sociedad, es la clave para comprender nuestra cultura y es el espacio que indica el valor que le damos a la historia del libro, a las vicisitudes que ha tenido. Comprender su relevancia como símbolo cultural nos lleva, indudablemente, a preservarla, pues, como indica Jon Zavala, citando al fundador de la llamada interpretación patrimonial: “solo se protegerá aquello que se aprecie, pero solo se apreciará aquello que se conozca”.

 

BIBLIOGRAFÍA

Alberto Manguel. El viajero, la torre y la larva: el lector como metáfora. Argentina: fce, 2015.

Pascal Quignard. Pequeños Tratados. México: Editorial Sexto Piso, 2015.

Jon Zavala. Los impresos antiguos. Barcelona: Editorial uoc, 2014.

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