Varias eternidades en un día

Armando Alanis Pulido

Ante todo soy un anti todo

Antes de entrar en materia, antes pero mucho antes de entrar en espíritu pienso en mí, considerando lo que está por venir (y lo que está por huir también), he llegado a la conclusión de que Nicanor Parra me salvó o me condenó, no estoy muy seguro de eso, pero cuando era joven le mostré mis textos a un feroz crítico con la idea definitiva de actuar en consecuencia de su veredicto, el malvado sujeto me citó a la hora que impartía su taller (en el que nunca fui aceptado por cierto), me pidió que lo esperara a que terminara y que si no tenía problema de darme su opinión al final de la sesión como parte de su taller, le dije que no: “De incertidumbre y miseria eran aquellos segundos, en que yo como un esqueleto de pie delante de esa mesa del infierno cubierta de una cretona amarilla esperaba una respuesta desde otro extremo del mundo”. Acércate, me dijo, y regodeándose me lanzó su sentencia: Tus poemas o lo que sean, se focalizan en lo real, utilizan el lugar común, en ellos predomina la anécdota sobre la imagen, huyes de lo sublime… Antes que terminara le dije: gracias, muchas gracias, el crítico pensó que me burlaba, y enojado me gritó: Ante todo hay que tener respeto, usted no puede venir a desfondar la realidad joven irreverente, lárguese de aquí, me espetó; pero no me importó, por supuesto, ni su crítica ni sus amenazas, mi felicidad era real, en su intento de denostar y humillar mi trabajo, me había dicho la definición de la anti poesía que unos meses antes había encontrado en una vieja antología de poesía chilena.

Sueño que estoy soñando

El antipoema es una imagen inversa del poema, alguien ha escrito por ahí, Nicanor Parra lo explicaba sencillamente diciendo: mis iniciales son NP las de Pablo Neruda PN. Por supuesto que me busqué en esa coincidencia pero AA es AA, por el lado que lo veas, mi asunto entonces puede ser un chiste pero sea lo que eso signifique me volvió a entusiasmar porque los chistes junto a los epigramas entran en ese mundo antipoético que Parra resignifica: Lo inverso está deformado por la sátira, por la ironía o por la parodia, y yo soñaba que Nicanor me daba malos consejos, yo soñaba que tenía insomnio, yo buscaba una voz: “Yo iba de un lado a otro es verdad, / mi alma flotaba en las calles / pidiendo socorro, / pidiendo un poco de ternura, / con una hoja de papel y un lápiz entraba en los cementerios / dispuesto a no dejarme engañar”. No sé qué he encontrado en mí exactamente, bueno sí, tengo la certeza de que cada que lo leo, el antipoeta siempre tiene algo nuevo que decir, y eso es lo que yo quiero, eso es a lo que yo aspiro, por ahí van mis sueños.

Poeta con camisa de fuerza

Alguna vez al terminar de dar una charla sobre poesía y antipoesia, alguien del público me pidió que le recomendara un buen libro de poesía, Poemas para combatir la calvicie, de Nicanor Parra le dije sin dudar, el hombre haciendo una reverencia y quitándose el sombrero me dio las gracias no de muy buena gana, era calvo; algunos se rieron pero inmediatamente se hizo un incómodo silencio, luego cuchicheos, el moderador para “salvar el momento” rápidamente tomó el micrófono y preguntó: ¿Alguna otra pregunta que alguien quiera hacer? tenemos tiempo para una más … Acto seguido otra persona levantó la mano y quitándose el sombrero (también era calvo) me preguntó en tono desafiante: Y a mi ¿Qué libro me recomendaría? Poemas para combatir la calvicie, de Nicanor Parra, le dije sin dudar, todos festejaron (incluido el que preguntó) mi irreverencia/homenaje a Parra; tiempo después un amigo que trabajaba como cajero de la librería del FCE en Monterrey, me informó que la antología de Parra se había agotado súbitamente y que lo más extraño era que los compradores que fueron a adquirir el libro y que eran muchos, todos traían sombrero.

Hiperrealismo testimonial

Un día sin ir + lejos decidí ir a visitar a Nicanor Parra a su casa, corría el año 2008, tomé un avión a la ciudad de México y de ahí a Santiago de Chile, después renté un auto y conduje hasta Tres cruces, en Isla Negra, no tenía idea de cómo daría con el antipoeta, quería solo platicar con él y de pasada tomarme unas fotos, decirle que me sé tres poemas de memoria y recitárselos, invitarle un vaso de leche, regalarle mis libros y que me autografiara los de él y si se podía, ya aprovechando la vuelta, hacerle una larga entrevista, al llegar a tres cruces no se me ocurrió más que preguntarle a la primera persona que vi caminando por la calle… Pero se les advierte / que en el jardín hay luces y sombras / Además de sonrisas / En el jardín hay disgustos y lágrimas / En el jardín hay no solo verdad / Sino también un poco de mentira. —Disculpe, mire soy mexicano, y no sé si usted sepa vine hasta aquí porque me dijeron que acá vivía un poeta, bueno un antipoeta el gran Nicanor Parra creador de… —Ahhhh, Don Nica, mire a dos cuadras encontrará una casa de madera de color negro. Efectivamente encontré una gran casa de madera, en la puerta principal estaba escrita, más bien grafiteada, una palabra: Antipoesía, afuera estacionado había un vw sedán, un bocho, (el antipoeta era dueño de dos) —aquí mero es pensé—, toqué el timbre, grité fuerte y nadie salía, de repente una mujer se asomó por la ventana… —Hola buenas tardes, vengo a ver a don Nica, tengo una cita con él, grité, soy uno de sus lectores , vengo de México, quedamos muy formalmente que el día de hoy sería nuestro encuentro, mentí. —No está de momento (me contestó la mujer haciendo una cara de fastidio) pero seguro llega y será tarde, si ha quedado con usted lo puede esperar o ir a buscarlo, o entretenerse mientas llega, puede visitar la tumba de Vicente o ir a la casa de Pablo Neruda, le sugiero que haga todas esas cosas…

La gente se reía de mis arrebatos

Partí hacia la casa de PN, ya en carretera en sen- tido contrario pasó a toda velocidad NP en su Volkswagen sedán, temerariamente di una vuelta en u mientras pensaba en un monólogo exterior que fuera traspasado por otro interior y que se convirtiera, una vez que alcanzara a ese bólido, en una tranquila conversación en la sala o en el jardín de su casa, aceleré… No podía alcanzarlo parecía que la velocidad en kilómetros era proporcional a la edad del antipoeta, de repente el auto a lo lejos se hacía un puntito, luego nada, luego un puntito, luego auto, todo esto mientras pensaba ahora que yo era un hombre imaginario que seguía a un Nicanor Parra imaginario que conducía un Volkswagen imaginario por un camino imaginario, pero mi corazón palpitaba muy fuerte y eso no era imaginario, casi lo alcanzo cuando logro distinguir que da abruptamente vuelta y que entra a un camino ahora de terracería, una espesa neblina me hizo perderlo de vista de nuevo, ya empezaba a oscurecer y me detuve en una pequeña construcción, bajé y caminé para encontrarme con un hombre que no era Nicanor, más bien se parecía a… —Buenas noches me llamo Vicente ¿le puedo ayudar en algo? —buenas noches primero me puede decir donde me encuentro —en la tumba del antipoeta y mago Vicente Huidobro —bueno pensé que era algo así como una escuela rural… El anfitrión se molestó un poco con mi comentario y me dijo: —No haga enojar a los magos me gritó, levantando la vista al cielo musitó: No digas lluvia, haz llover. Acto seguido un aguacero torrencial cayó sobre el lugar, no hubo tiempo de guarecerme, me encontraba frente a la tumba de Vicente Huidobro en su lapida se leía lo siguiente: “abrid la tumba, al fondo de esta tumba se ve el mar”. Como soy de los que saludan a las carrozas, seguí las instrucciones, me asomé y vi unas escaleras. Bajé y bajé…

Destemplando las cuerdas de nuestra instruida sensibilidad lírica

Por un momento pensé que descendía a los infiernos, seguí bajando y llegué hasta una puerta idéntica a la que había visto antes al frente de la casa de Nicanor incluso tenía la misma leyenda, escrita o grafiteada, abrí y me encontré a Parra cómodamente sentado en un sillón reclinable , pasa me dijo, parece que alguien hizo llover sobre ti… Me ofreció un vaso de leche, argumentándo milagrosas curas para todo.

En qué te puedo ayudar jovencito

—Vengo a entrevistarlo —¿No será acaso usted un interlocutor de mal carácter? ¿Si sabes que existe una cuota y es alta? —Si y sé que se originó por una cantante colombiana y el anuncio de leche, le dije mientras le daba un trago a mi vaso para presumirle mis blancos bigotes. —¿Está a gusto jovencito? —Como Parra por su casa… —Está pasando el tiempo y el tiempo es… —Es un discurso y hay que pronunciarlo bien… —Parece que yo lo entrevisto a usted, no sé si me explico, lo que quiero decir es otra cosa, mil dólares por segundo… —Perfecto, establecida la cuota, pidamos perdón a los futuros lectores de esta entrevista o hagámosles advertencias, ¿Piensa vivir muchos años? —Ando en la locura heroica de la vida, claro tengo mi numerito preparado, aunque después de los 80 o de los 90 o de los 100 se camine entre abismos… —Los poemas y antipoemas se publicaron en 1954 igual que las odas elementales de Neruda… —Ya he dicho que Neruda siempre fue un problema para mí, un problema bien resuelto y esto lo digo porque yo me interioricé, me ridiculicé no para dar lástima, sino para hacer reír. “Ya me he quemado bastante las pestañas / En esta absurda carrera de caballos / en que los jinetes son arrojados de sus cabalgaduras / Y van a caer entre los espectadores”. —¿La suerte está echada? —Por supuesto, pero hablemos mejor de negocios… —¿Se retracta de todo? —Por supuesto, pero hablemos mejor de negocios… —De acuerdo además a eso vine, le contesté mientras sacaba de mi mochila dos ejemplares de libros de Parra, Canciones rusas, la primera edición de 1967, impresa por la editorial universitaria en la colección Letras de América, y Poemas y antipoemas de 1954, editada por Nascimento, los cuales había comprado en una librería de viejo en Guadalajara. —Querrás que te los autografíe, pero te los compro, hablemos cinco minutos, entonces: ¿Cuántos segundos hay en 5 minutos? —Usted es el matemático pero supongo que 300… —Usted es inteligente jovencito y me debe 300,000 dólares. —Deme don Nica 350,000 mil por estos dos bellos ejemplares. —Dejémoslo en 300, 000 y estamos a mano. —Trato hecho (dijimos al mismo tiempo) y nos estrechamos las manos. Salí de su casa sintiendo que había hecho el mejor negocio de mi vida: platicar 300 segundos con Nicanor Parra, con don Nica. Epitafio Supongo que Parra retrasó lo más que pudo a la muerte, aunque yo creo que está en su casa tranquilamente tomando leche y leyendo a Shakespare en compañía de W H Auden, su antiguo maestro, y que usa como pasadizo secreto la lápida de la tumba de Huidobro porque se aburrió de dar entrevistas que valen 1000 dólares por segundo, no hay que dejar a un lado los momentos que lo llevaron a escribir determinadas obras como su viaje a Rusia, motivo de Canciones rusas o su discurso de Guadalajara (un homenaje a Rulfo y a la muerte que en México tiene la vara muy alta), el cual escribió expresamente para recibir el prestigiado premio que tuvo por algún tiempo el nombre del autor de Pedro Páramo. Ahí se observa y se confirma que mediante una estrategia que es un discurso, que es un poema, que es un antipoema, Parra con maestría (y mucha experiencia) une y remienda situaciones y desconstruye otras tantas, lo que lo llevó a inaugurar una nueva relación con su prójimo, con su interlocutor, con su público, esa simbiosis se cumplió, y convoco desde aquí a que hagamos gárgaras para combatir el insomnio (y si usted amable lector tiene problemas capilares, ya conoce mi recomendación), mientras tanto escribamos ciento tres planas para nuestro epitafio en homenaje a quien nos ofreció la palabra.

Advertencia al lector Los que escribimos deberíamos hacer advertencias a los lectores, un prólogo ayuda, una reseña a destiempo ayuda poco pero también ayuda, una disculpa pública, un discurso, un amparo, una tesis doctoral pueden aportar y permiten apreciar zonas extrañas y desoladas de la experiencia del autor, ¿es necesario? Opino que sí, porque todo eso veo y encuentro en sus libros y la afirmación está en el sentido común, ese que nunca abandonó a Parra, a mí me gusta lo que se dice de él (bueno o malo) porque su poesía ha tenido consecuencias profundas en mí como autor y como lector (supongo que en muchos otros autores y lectores también) y porque Nicanor Parra siendo afín a una particular modernidad le da su justa importancia a lo que realmente merece la pena ser poetizado: Todo. Ando en la locura heroica de la vida, claro tengo mi numerito preparado, aunque después de los 80 o de los 90 o de los 100 se camine entre abismos.

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