CARLOS LATORRE

(1916-1980)

CARLOS LATORRE

La espera 

Mientras la fuerza del deseo enciende su lámpara a distancia, 

su arrabal de mil calles y alucinadas sonámbulas, 

allí, tras la puerta estrecha, residencia y secreto de los sexos, 

evidente como una señal de peligro, flota un tibio olor de incienso carnal, y sobre los lechos quedan huellas de 

crímenes abstractos,
bajorrelieve de uñas carnívoras.
La piel crece fatalmente para contener la 

pasión que no pudo ser hecho a medida, y la edad amasa el hueso del único amor con 

la propia culpa, con la vida eterna. 

 

El forastero 

Era cuando la vida giraba en torno al miedo como los insectos alrededor del solitario farol en una esquina 

y el caracol de la idea dejaba, en tanto, escuchar su zumbido de ola infructuosamente eterna. 

La alegría, infiel, había huido ante el primer atropello, 

y en la habitación colmada de nuestros deseos no quedaba espacio ni siquiera para el grito de socorro. 

Fue necesario transitar el amor con el mismo desamparo con que un forastero recorre la calle principal de un pueblo. 

Y sin embargo ella y yo permanecimos unidos y separados a la vez como las islas de un mismo archipiélago. 

(De La puerta de arena, 1950.) 

 

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