JUAN JOSÉ CASELLI

(1909-1982)

JUAN JOSÉ CASELLI

El paraíso desenterrado 

[fragmentos] 

1 – desnuda
bajo el arco iris negro de la noche la 

encuentro
su cuerpo es una fiesta de manantiales su sexo un mordisco de hierba fresca 

yo me debato cercado por lobas celestes por furias y vicios celestes
por el estrépito de sus cabellos
cayendo en la oscuridad 

sus labios rodeados de espinas exterminan mi inocencia mientras mi boca
amplio estuario de melancolías reposa sobre su nuca 

tejida con pequeñas caracolas de menta 

3– triunfante sostiene todo el peso del adulterio 

e incansable me urge como la ola a la roca yo hurgo sus mitos con mis armas más salvajes sables que matan según las mareas
soles que se apagan después de haber amado y desgarrados por una libertad terrible vamos a vivir a un país donde siempre es 

de día 

7 – haciendo entrar la Tentación con todos sus esclavos 

ata una rana viva al pie de la cama
cuelga del espejo la mano seca de un ahorcado y juntos vivimos muchos horrores
su sombra embujada se abraza a las paredes rechina en forma repugnante una llave en la 

puerta
y su boca se cubre de musgo
y a mi alrededor crecen los árboles a toda 

velocidad 

15 – más grande era el desamparo en los campos 

más grande nuestra intimidad 

17 – los dioses adiestraban al Silencio para invadir sus ojos 

20 – universos paralelos repiten nuestras caricias 

24 – a las caravanas se les atribuye el origen de los desiertos
las montañas se vigilan
el oro no tiene miedo 

pero nada hay más fastuoso que su crueldad 

26 – serás Dios
cuando seas más loco que Dios 

11 – aquel mueble era mitad cómoda mitad mujer 

sus senos surgían de cajitas de música
y las piernas giraban con ruido de pasadizo 

secreto
dejando escapar torbellinos de medias y de 

ligas y perfumes de azahar
en sus curvas las manos quedaban atascadas 

para siempre
tenía cajones mixtos que sólo guardaban 

recuerdos o caricias
y era inútil tratar de introducir la llave cuando las cerraduras juntaban los párpados 

para soñar 

12 – la experiencia era su mayor instrumento de perversión 

y al incorporarse
de su falda caían los bosques las montañas y los pasteles de alguna fiesta de infancia petrificados en algún lugar del alma 

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