ALFONSO SOLA GONZÁLEZ

(1917-1975)

ALFONSO SOLA GONZÁLEZ

Adelaida y yo en el invernadero 

Escritura automática II 

Pájaros de médulas sutiles de limones eléctricos beben mi sangre en tazas de ébano lluvioso
hierven esquinas con pelucas de buey
asustando el enjambre de las balanzas erizadas 

viene mi amor tal vez algún día una semana después
que él dijo nunca vendrás ni a las once de la noche
menos subida al palomar con humo en las mejillas flotantes desde lejos nunca me olvidarás día oscuro
de muelle con una flor en la gotera 

pájaros hambrientos de leche purpúrea en las ecaleras del diluvio con ramas de cerdo encima y alrededor del arca de música variable pegada con rumor de la mujer náufraga
con hilo de hembra líquida veinte años desnuda 

corriendo con su lámpara abierta por las alcantarillas ululantes de la masturbación
y entonces ya no devastas los campamentos
de alcaldes protectorados y profetas lujuriosos 

en las noches de cuero
batido por la luna
y más tarde hangares de sol cúbico
tanto amor
las tórridas madrigueras con manijas de cobre
folletines de higo
uno a uno largos días cayendo con un terrón de vino en cada mano a la intemperie y sin la venia presidencial
tanto amor a qué recordar los manjares de vidrio verde
asados al fuego natural de las abejas
ni la hebilla de orégano que arrastrabas colgando entre las piernas campana de olor vertiginoso y tarántulas sagradas,
o arrobados hormigueros cíclicos bebiendo agua peluda 

y luego los decretos preferenciales las grandes lluvias administrativas los fecundos aleluyas de cedrón hipostático
hasta llegar a esta noche sin letra escandalosamente
tanto amor 

y todavía más dédalo quemante
más sangre de amor nupcial quebrado el cuello dulce
ánade de hielo rojo amor mío
descendiendo ascendiendo
mordidos abrazados quebrados por grúas de florales tentáculos sobre el velador de la lámpara aullando
lejos si ya los coágulos de sangre vuelan ya caen
suben
untando lava gruesa en los ojos degollados
y el grito hasta el fondo de las vainas del nervio el pulso del 

relámpago
chorro mortal de harapos de planetas el gran fuego volcado 

sí amor mío en la mano de éter que se cierra en las uñas de la perla del sueño. 

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