CARMELO ARDEN QUIN

(1913-2010)

CARMELO ARDEN QUIN

Eclimón [fragmentos] 

El bosque está siendo destruido, en forma cada vez más libre. 

Marcha nocturna (que me veo obligado a determinar). Aparecen las torres frías, la apetencia del sentido positivo del viento, y los jardines, cerca de las templadas escalinatas del fuego. 

Desde el aire observo a los símbolos. 

En cada uno de los motivos del mar incluyo redes blancas. 

Talía, isla de fieltro, el helianto de tus ojos gira. 

[...] 

De sí mismos se levantan en la plataforma más luminosa, entre vuelo y esencia, los representados del origen marino. 

Dispersión mía en las selvas brumosas y los grandes vientos. La que detrás de mí, sueña; la que detrás de mí, se recupera. [...]
Oigo la alarma del poder. 

Mi cabeza en el agua, mis manos en la torre, mis pies en el círculo de las colinas, encuentro todavía el tiempo suficiente para personificar seres gloriosos. 

¡Lonos! Ligereza infinita. 

Mi dominio se limita a la ansiedad que siento en el paseo del bosque. 

 

No llueve el océano

 No para el fuego
No huye el fulgor
No rueda el viento 

No participa la piedra 

ni las armonías
Mi nombre es este vacío lleno de luces. 

Ivaé y Elón. Oceánicos. Preocupados por la ubicuidad de la noche. 

El constructor tuvo la menor duda posible. No pudeo obtener rastros del antiguo templo, pero no profanó para descubrir, no avanzó para levantar. 

Miraba y miraba a los sentidos y a los vientos. 

Estoy seguro y no quiero entregarme indemne en el laberinto. No haré compañía a las oportunidades de la casa, ni levantaré el polvo de las columnas estriadas sin el consentimiento del fuego y del paisaje; pero ostentaré las manos anegadas, la vastedad de los párpados pétreos y los trofeos ganados al pastor en el fondo del valle moral. 

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