EDGAR BAYLEY

(1919-1990)

EDGAR BAYLEY

Es infinita esta riqueza abandonada 

esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo 

tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada 

nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido después del rostro hay otro rostro 

tras la marcha de tu amante hay otra marcha tras el canto un nuevo roce se prolonga 

y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas siempre será así 

algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo pero otro sueño se levanta y no es el mismo 

entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera no eres el mismo no son los mismos 

otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios 

y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso 

nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada y cada gesto cada forma de amor o de reproche 

entre las últimas risas el dolor y los comienzos encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas 

una máscara de abedul presagia la visión has querido ver 

en el fondo del día lo has conseguido algunas veces el río llega a los dioses 

sube murmullos lejanos a la claridad del sol amenazas 

resplandor en frío 

no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena 

nunca terminará es infinita esta riqusza abandonada 

 

El cielo se abre 

el cielo se abre para contener la cabeza y las manos del hombre que sueña 

él está muy cerca de los árboles
está muy cerca del silencio y de los días que hablan 

constantemente 

a veces del aire llegan unas luces violentas
son ríos que obligan a saludar de lejos y a cerrar los postigos 

hasta que la noche pase 

es demasiado tarde pero la edad ofrece siempre espacios nuevos que puedes recorrer en todas direcciones 

espacios palpables y acompasados como los relojes de pared espacios que tú solías hundir en la fuente hasta el fondo hasta 

el lecho donde el agua esconde sus profecías su memoria de jornadas puras 

espacios abiertos a la claridad del deseo 

aquí las horas adquieren nuevas costumbres
en el interior de las horas el amor sonríe y arroja al viento tus 

secretos
son episodios desconocidos que la boca de un adolescente narra 

susurrando 

cuando abro los brazos es que he llegado a una provincia del día situada junto al canto del gallo y el ramaje de los árboles 

el día con millones de ríos deja fluir sus manos hacia todos los rincones del universo 

en cualquier lugar puede encenderse la palabra que nos permita ver entrar en el corazón de la madera en el mar de tu mano 

extensión del instante bella confabulada 

una voz todavía para que el aire deje libres los fuegos del alba y otra vez para siempre sin nombre la espera y el sueño se 

confundan 

no diré tu nombre no me importa quedarme vacío nuevamente después de haberse visto 

deja al sueño subir y que él hable solamente 

un país un país adonde llegan las luces del vaso y la ventana y todo recomienza en el corazón y en las manos 

(De La vigilia y el viaje, 1949-1955.) 

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