Piedra infinita [fragmentos]

(1907-1977)

JORGE ENRIQUE RAMPONI

Porque compacta sombra,
o soledad,
perpetua soledad a plomo,
témpano de silencio,
rígido limbo y piedra,
tienen la misma réplica, oh cóncavo nefasto, igual ecuación fría, responden con un eco de amargo símbolo en la sangre. 

Tembloroso, sonámbulo, tornasol, taciturno, aguzo el corazón, palpo la piedra:
frío gesto unitario,
fruto cumplido en ámbito ya duro, 

tiempo cerrado, autónomo, infinito.
Secreto mar prende en su acantilado —laurel de
herrumbre— un alga cárdena.
La luz del mundo vela de tacto y ojos, ciñe de aureola su proeza, oh, graduada de quilate inmóvil
y cetro lívido de esfinge. 

Déjame que afronte su oráculo,
que escuche su vertiginoso silencio,
que libe su fatídisco polen, su planetario acíbar, negra abeja de lápidas en redes de tinieblas. 

En el viento frontal que inunda lampos de páramo y olvido, la carne siente su bisel de hueso,
esta premura misma de la sangre
es sólo fuga que se alcanza pronto. 

Ampárame a reverbero, corazón, que arrostro el témpano infinito. Los siglos le zumban en el núcleo a modo de un enjambre eterno. No hay laberinto de más vértigo que el de su isla fría. 

(...) 

A pie de piedra baja la cascada compacta. Islas y mar de piedra.
El ala de vorágine que abatió lo tremendo esparció lo derruido: 

oh pormenor luctuoso, oh múltiplo siniestro. 

Vestíbulo del páramo. Foro de túmulos,
teatro de sarcófagos, estadio de héroes grises, ateridas panoplias 

sobre acéfalas mitras,
bruscas estatuas vueltas en un ébano absorto, atrios truncos
y fábulas de logias y archipiélagos. 

Ni aún destruída la piedra releva su destino, su número nefasto.
El escombro hace pie, busca tutor, se hereda en su vestigio.
Cetro gris, pavoroso, intacto en el menhir, restaurado en el dolmen. 

(...) 

El árbol es un pensamiento de la tierra,
bulle y fulge en la atmósfera con su rito de pájaros;
semáforo del alba sus veletas al viento,
escultura de pecho circular al paisaje.
El alma oral del agua tiembla en cuño verde, en cauce de frescura, su géiser hace fiestas a la sangre,
si echara a andar, nos besaría en el corazón, labio por grumo, hoja 

por hoja. 

La piedra es un terror que fue un dolor remoto, cicatriz milenaria toda costra de piedra, dimensión sideral de la muerte,
muerte inmortal, cadáver sólo eterno, 

lo que no participa ni aún asiste.
En vano la lluvia, a largas manos de caireles, busca acento acento en su omóplato de piedra,
en vano la vida quiere abrirle un hondo cáncer. 

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