Poema

(1911-1966)

JUAN BATTLE PLANAS

Digo: he regado una vez más la planta que día a día es invadida por las enfermedades. 

La quería, la quiero. Todas las mañanas la miro como si detrás de ella estuviera presente un algo más
que la estación de dar flores.
Quizá logró ella recoger las palabras puras, libres que lanzo al cielo en horas tempranas para ser tomadas por la poesía 

que amo
mientras todo está prisionero de vacas o leche condensada. 

Sus hojas lentamente van perdiendo las manos y son ya imperceptibles los latidos.
Las orillas de las puntas se marchitan
y tienen el color de la capas de las cebollas. 

La sido lleno de tristeza.
Como vulgarmente se dice: con un nudo en la garganta. 

Maldita comparación, pero no puedo ni origino otra. La tarde está tirando a opaco
y desaparecen los pájaros.
Desde las puertas abiertas, al balcón 

llegan voces de niños y niñas, 

gritos que los dejan vencidos, con hambre o cerca del momento de la caca. 

Todo puede darse al final de un día como éste,
por ejemplo las voces del loco acusando a la loca
hasta ese momento en que los padres rotas las tensiones juegan con las correas para disciplinar a sus hijos. 

Intenté mirar a la distancia, lejos de los edificios y la lejanía no logró la paz.
Como fantasía quería divisar el río.
No se logra el detalle. 

Las aguas no estaban próximas. Sí, corría un hilo de agua:
los incendios. 

Mañana, me diré, pediré a Emilce que atienda el cuidado de estas hojas. Preparemos la mezcla en base a nicotina y pulverizaremos los tallos. Luego pondremos en la tierra fosfatos, orugas de salud, microbios
y agua a la entrada de la noche. 

Soñaré todo el día pensando en que ella reviva
que sepa de la pasión de ser seguida, atendida y cuidada como una 

señora,
pobre animal que arranca tanto de mí
que hoy me toma tanto.
Me recuerda constantemente estos últimos veinte días mi mano y mi brazo tiemblan y están fuera de la casa emparejados en un curioso sufrimiento. 

Puntos de venta