GenealogĂ­a de los amuletos

(1933-1974)

ROMILIO RIBERO

Todo cuanto has amado en la genealogía del carnero y la nave, 

habrá de conservarse en tu memoria a través de los raros amuletos. 

¿Aquellos corazones de las últimas aves del desierto que hicieron la corona de un desterrado músico,
no dejarán dormir en tu alma las voces de la muerte? Porque alguien te recuerda temblando junto al mundo; el cabello empapado de quebrados narcisos, 

los ojos sostenidos en desprendidas hiedras,
ausente de tus astros y tus fétidas flores del encuentro. 

Todo cuanto has amado;
esa flor que tiñendo iba tu sangre, masculina y terrestre, ese mar encerrado que abandona sus lunas,
aquel país de palmas y palomas, de relojes que tienen las 

alianzas
en los ascendimientos del amor o el espíritu,
habrán de conservarse por alguna reliquia,
por algún árbol lleno de escrituras en ácidos lugares de 

templos de maderas. 

Un día, no sé cuándo,
volverás a naciones de extrañas bibliotecas y de libros de piedra; a buscar al Oscuro, al que fuiste, adorado por tormentas y niños; a cazar la serpiente de la miel, a conversar con altas hechiceras de desolados ojos y collares de las esponsalicias.
Quizás me reconozcan tu corazón y tu alma en ciencias 

aromáticas. 

Porque reiné en hogueras que hicimos a tu muerte,
y fui aquella amorosa de esferas semejantes a tu fuego amarillo. 

Vuelve entonces y trae collares de semillas y vidrios perforados. 

Ah, que duele la ausencia como el canto del ave misteriosa. Explicaré tu estirpe,
tu sombra inmarchitada raramente elevándose para mi 

compañía. 

Entenderás que un nuevo año ha creado a la tierra sobre devastaciones y destierros. 

¡Me encontrarán los nómades hecho un árbol de sal que no se mira! 

(De Libro de Bodas, Plantas y Amuletos, 1963.) 

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