POLIFEMO

(1932-1976)

MIGUEL ÁNGEL BUSTOS

Sobre ALTARES de lienzo sobre ALTARES del mar sobre el MAR 

¿quién soy?
Salí y caminé hacia el sur y entré en los dominios de 

POLIFEMO-guardián del Himalaya
Y un único pájaro; quieto en la rama blanca de un árbol muerto 

por el fuego del cielo; cantó: 

yo soy Hyperión
fénix en las aguas de mil soles en el país de Diótima. 

Canto mi soledad porque apareces, canto porque me ves

(iluminado en los esmaltes de mi música, iluminado en el color veloz de mi tristeza

CANTO
huyeron los ríos,
Diótima gira errante en el millón de galaxias-serpiente de oro en las montañas de la luna. 

CANTO
porque entras en el reino de POLIFEMO-SEÑOR; ojo solitario de toda visión atada a la multiplicidad del mal; (en cada piedra
en cada metal en cada flor o puerta que se abra al jardín que te llama, antiguo)
tu corazón-unidad ha de sufrir dividido en mil rostros aquí todo es enigma ESFINGE fábula de fábulas en la noche de todas las noches. 

CANTO
mi sueño agonía en la cueva de mi vuelo
el vuelo de mis alas en tu sueño que has de estrangular si quieres el 

VERBO
monte en piel viva
Señor-desollado
(¿acaso este es un libro
un monte que alucina a sus piedras un Verbo infinito que clama por todos los verbos en la salvaje barbarie de lo que jamás ha sido verbal?) 

CANTO
tu extravío de Águila y Tigre en la tierra sin Maestros 

CANTO
el paso de los Errantes. 

(Y soñé,
soñé un desierto amarillo rayado por toda sombra o luz que alguna vez lo hubiera tocado. Y en este campo lívido un patio de cristal llamaba con fulgores de agua en la fiebra del planeta muerto. 

¿dónde está
dónde está
ELLA?
La noche ha muerto y vive su corazón.
Caminé un siglo por el desierto-tigre de mi sueño; un siglo de casas con blancos vestidos vacíos en salas iluminadas por relámpagos púrpuras; un siglo y llegué al patio de cristal. 

Atravesé una multitud de hombres callados que se dejaron vencer como murallas de seda: tensas; convertidos en sombras huyeron sobre el desierto amarillo como fieras marinas hacia el cielo líquido suspendido sobre el patio. 

Y llegué hasta él; un ópalo circular y sin límites; y vagué por su superficie de quietud cruzada por imágenes nacidas en el abismo salvaje del cielo. 

Ciudades erigidas entre dos oscuridades; ciudades cortadas por rebaños de cuernos de bronce; ciudades traídas a mi sueño por el paso de bárbaros delirios de otro cielo en otro tiempo. 

Y el ópalo infinito soltó un pez de oro abierto en vitrales de fuego a un campo lívido surcado por luces y sombras que rayaban el desierto amarillo de mi sueño.) 

CANTO
el paso de los Errantes: 

¿se cansó el arco-horizonte del cielo de ser vasto soporte calmo de la jauría santa de los soles carnívoros en la casa nocturna? 

(iluso, amante de mentiras: soy una hiena hambrienta en la ciudad de los inmortales). 

GENERAL:
aún te falta un crimen para que llegues a la eterna paz inmemorial. 

¿OYES el canto:
tamaño del cielo en los corazones sumergidos en la tierra verbal? 

Cantan las sirenas de mil años en el mar y su canto imanta los Polos y sobre puentes de fuego la visión es tuya AQUELARRE.
(De El Himalaya o La moral de los pájaros, 1970.) 

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