Un costado de rosas

(1933-1987)

HÉCTOR VIEL TEMPERLEY

Oh qué alegría el pan que halló está fresco Oh qué alegría la de ella en el hotel con rosas Ya se ha olvidado del gorila
Oh qué alegría qué tremendo 

Anoche hice salir de mi casa a un gorila No hubiéramos permanecido con él en la 

casa a oscuras
Empuñaba un cuchillo miraba con tristeza Se marchó y nos marchamos
Pero afuera amanece 

En el amanecer pasaremos la noche
Parque de césped seco hasta el hotel con rosas La galería abiertacon rosas qué alegría
Como un vagón de tren con un costado solo Un costado de tren y un costado de rosas
O un pan con un costado de pan y otro de 

rosas
Y en dónde habrá pasado el gorila la noche Tal vez en cuatro patas amenazado por 

completo
Un costado de gorila y un costado de rosas Yo con ellas del brazo en el hotel con rosas Y amanece amanece 

Al hotel llega un hombre pero ya se conocen Oh qué alegría qué tremendo
Hace tanto que la ama no se lo dijo nunca En la pieza de al lado recuerdan suaves días El club junto a las olas los almuerzos briosos Cuando ella era de otro y ahora recién el 

adulterio
Porque esto —aunque tardío— es como un 

adulterio
Y el adulterio es suave porque el amor ella lo 

sabe
Tiene un lado de tren tiene un lado de rosas Y tal vez los dos son igualmente sensibles 

Qué tremendo 

Salgo a un patio rosado encuentro a un compañero 

Mientras pasan la noche ella y él conversando A la hora del pan fresco cómo no dar su 

cuerpo limpio
Y recuerdan los días junto al mar 

compartidos
El aire fresco el vino a la hora del sol alto Eran los tres tan jóvenes recuerdan
Detrás de las persianas en el hotel con rosas Como viejos fotógrafos desnudos y abrazados 

En el patio rosado escucho al compañero
Ha encanecido un poco miramos las baldosas Ya no es el de antes me explica suavemente Halló otra religión en patios como éste
En un país de patios rosados en América 

Su religión es dócil no hace falta
Mirar hacia lo alto explica sin mirarnos Miramos las baldosas los pétalos caídos También una manguera rosada todavía Con su cabeza de culebra sobre un charco Sobre su vómito de ayer a última hora 

La religión el patio la manguera algunos pétalos 

Todo es rosado y amanece amanecemos conversando 

Mi viejo compañero podría preguntarle Te acordás de las paralelas del colegio De esos caminos de madera casi blanca Curvándose debajo de los brazos? 

Te acordás de las marcas color vino Que nos hacían junto a las axilas? 

Da ganas de llorar oh qué alegría qué 

tremendo
Y amanece amanece amanece amanece 

 

Contraprefacio 

De guardia como un ángel el legionario aquel verano junto a la entrada del pabellón
de los trenes eléctricos
El blanco lienzo cubre la mesa la nuca alarga la hora hasta que el niño sale al sol a las doce 

y se cree abandonado con un poco de náuseas 

El cubrenuca al sol en medio de la feria
que se ha ido vaciando hacia las quintas hacia las uvas
Aquí se exhibe la cerviz oscura de una momia que es masajeada sin amor 

Músculos como carriles pirámide de falos aceitados para un esfuerzo más de esclavo de madera 

Y una hélice oh diosa de muchos brazos hallada entre el cabello de la nuca
Último rostro joven en el fiel de una balanza de muchos brazos 

Hermana que puede soplar desde la nuca como un molino hacia las uvas hacia el pasado 

Con una cerbatana vacunan desde lejos
para que todos puedan ver el mar pero no duele mucho Nada más que un pinchazo en la nuca de un niño
y mañana
El hombre nadará a la sombra de la madera del naranjo A la sombra del Rostro que huele bien y no se oculta 

En el cubrecama reverberan
dos o tres hoteles blancos anchos silenciosos Enroscados al cuello por el sol de unas siestas Desdeñosa ave gorda
Es todo lo que muestra el hombre a los jinetes clavados como tacos de billar en las dunas 

En el último instante
Siempre sobre naranjos rascacielos de espaldas
Arponero de espaldas demasiado blancas demasiado anchas Ese Ser de avenidas verticales
del que puede creerse que jamás fue azotado 

Y una pregunta dirigida al lienzo
Mientras los camiones aprenden a andar lentamente pesados
detrás de los restos de armaduras de sus ventiladores 

“Alguien vio el mar o sólo vio el meollo azul de un niño?” Siempre la nuca aquí y el rostro allá en la nave! 

(De Legión extranjera, 1978.) 

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