Invitación a la masacre [fragmentos]

(1942-1972)

MARCELO FOX

Pronto moriré y dejaré de mancillar la tierra con mi presencia abyecta. No. Eso es lo que ellos piensan. Lo que quieren que yo piense. Es al revés. Cuando sea ejecutado el mundo quedará sumido definitivamente en las sombras de la cotidianeidad y el olvido. Ya no más esperanzas. Cortarán el último vínculo con la Trascendencia. Nadie volverá a traer el Mensaje que yo portaba. Tierra al condenarme te condenas. Me hundes y te hundes perdiéndote en 

el exilio. Quizá sea mi venganza eso mismo. Todos en la oscuridad y ni siquiera lo sabrán. Es para destornillarse de risa. Tengo miedo. Dios tiene miedo. Temblad. Contemplo el futuro y río. Pobres.
Me dan lástima. Si hubiera tenido la fortuna de controlar cohetes con carga atómica habría libertado sin vacilar a la humanidad 

del sonido y la furia. Basta de sufrir. Basta de arrastrarse. Que los ángeles U 235 limpien la Tierra. Estoy cansado. Mañana a la fría luz del alba me conducirán al patíbulo mientras los parches suenen acompasadamente. Todo será silencio y recogimiento. Rechazaré a los sacerdotes de las variadas sectas que me querrán dar auxilio en la hora postrera. Dios no precisa consuelos. Dios muere y resucita más glorioso aún. Que se preparen los que lo han perseguido. Que se preparen lo que han dudado de su divinidad. Irán sin excepción al crematorio. Porque Su palabra nunca dicha no ha sido escuchada. Porque fue ejecutado vandálicamente por hacer el Mal es decir el Bien es decir lo Justo. 

[...] 

Los malditos continuaban reproduciéndose como si nada pasara. Reían. Bailaban. Oprimían botones. Morían en la Ausencia. Me niego a aceptarlo. Nunca. No. Pero de qué forma. Cómo hacer que comprendieran. Nuevas bombas. Más comunistas ahorcados. Y nada. Nada. Estoy agotado. Es inútil. Pero seguir. Seguir hasta el 

fin. El Fin es el Principio. La Muerte es la Vida. El Sufrimiento es
el Gozo. El Odio es el Amor. Dinamité un dique. Gente huyendo. Gritando. Viviendo. Existiendo realmente. Cadáveres de los ahogados. Devastación. Hambre. Peste. Arrasamiento. Llegaron aviones con cruces rojas y máquinas topadoras y destruyeron la destrucción restaurando la aburrida monotonía anterior. Qué falta de sentido estético. Sólo son bellas las estatuas rotas. Las paredes descascaradas. Los rostros horadados por la lepra. Las ciudades después del saqueo. Qué hermosa es la Muerte. Qué hermosa. Y pensar que el nivel de 

la muchedumbre no rebasa las calcomanías y los claros de luna.
Son incapaces de intuir la Trascendentalidad. El reflejo de la agónica lucha del Ser con la nada en las cosas que se derrumban. Más izquierdistas fueron enviados a la guillotina. El aislamiento continúa. La incomprensión aumenta. El desaliento ahoga. Los diarios siguen sin publicar las explicaciones que les envío del Mensaje obejtivado en mis actos. Cambiar de método. Guerra bacteriológica a la imbecilidad. Crié virus de potentes plagas. En los caldos de cultivo las pequeñas bestezuelas alegremente retozaban engordando a ojos vistas. Así lo podía observar con el microscopio. Ahora. A las fábricas de productos alimenticios. A pulverizar el aire. A infectar las aguas. Millones de muertos. Carretas cargadas de cuerpos exánimes. Estado de Sitio. Humo incesante de los hornos crematorios. Terror en los rostros. Eso sí que era Vida Auténtica. 

(1963) 

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