A punto de suceder

Abigail Rodríguez Contreras

Conocí a Gaby cuando tenía trece, ella me llevaba unos veinte años exactos y desde los primeros encuentros, nos hicimos amigas. Varias veces me repitió y era evidente, que era con la única con quien no necesitaba beber y si lo hacía, era porque su eterna niña tímida le impedía socializar con los adultos. Gaston Bachelard dice que un exceso de infancia es un germen de poema y Gaby siempre fue un poema y una niña jugando y esa combinación en una mujer de más de treinta años es una cosa incomprensible. Yo no bebo y mucho menos lo hacía en el momento en que la conocí, pero sí compartíamos otras cosas como libros, sueños y la fascinación por las cosas oxidadas, de los bazares y de los muñecos antiguos, de imaginar sus historias pasadas y las vidas que vivieron en el pasado. Nos gustaba conversar con animales y hacer historias en torno a ello, sobre todo, la poesía nos hermanaba, es un filtro para ver y sentir al mundo con ritmo muy distinto al de los otros.

La conocí en un taller con Mempo Giardinelli en casa del escritor, en esas largas mesas rectangulares de madera que yo veía inmensas, todos tan grandes y mis piernas colgando de las sillas jugando como en un columpio. No sé cómo me invitaron, pero debió ser por el maestro Pimentel que en esa época me dio una beca de la que mi madre no pagó más que los camiones de ida y vuelta al centro. Había una niña leyendo novelas y comentando textos como gente grande y eso parecía ser tan raro que hasta salió en alguna nota de prensa en la sección cultural. Pero había otra cosa rara en ese taller además de mí y era Gabriela la poeta, presentando narrativa. Escribió un cuento que parecía una crónica sobre un viaje a Punta Allen, dijo que nunca había escrito narrativa y se sentía muy rara y un montón de excusas más. Sentada junto a ella, como siempre a su lado, Miguel Ángel Andrade, con quien parecía tener una complicidad de toda la vida, se reían de chistes privados y entre líneas, Mempo le dijo que no se excusara y sólo leyera y luego veíamos qué pasaba. Todos parecían muy curiosos de saber si yo era hermanita o hija de alguien pero nadie decía nada, ni tampoco me hablaban. Mempo rompió el hielo y me dio la bienvenida recordando que Nietzsche ya había publicado a los quince y que era bueno y revitalizante saber que los niños escriben y leen y lo han hecho siempre. Me sentí aliviada y Miguel y Gabriela me sonrieron como lo hicieron toda la vida desde ese instante. Ese taller sólo duró un par de días y entonces Gaby me invitó a plantalta, que estaba “ahi a la vuelta”, frente a catedral, subiendo las escaleritas pasando los moños y labiales de una tienda eterna de pasadores y diademas. Mi mamá me llevó y esperó en un sillón como siempre, con alguna novelita o un libro con quien esperar. Era un loft y después supe que era su casa. Gaby me abrazó y presentó con Alejandro Meneses, ahí estaba también Judith Castañeda, todos me recibieron con cariño, nadie preguntó mi edad y me sentí muy cómoda y feliz de leer en compañía. Ahí Gaby era feliz y era plena, tenía unos cuadritos con pinturas de toros y mientras subía y bajaba por una escalerita de caracol como flotando con el cabello rubio, brillante y desparpajado, contaba anécdotas y parecía que las frases que iniciaba podía completarlas Alejandro y viceversa, me ofreció cerveza como si no fuera raro y le dije que no tomaba, no insistió, ni volvió a insistir jamás. Unas semanas después murió Alejandro. Gaby y sus talleristas estuvieron en un luto que llega hasta hoy y que hoy entiendo y me parte como el duelo que me atraviesa ahora con la misma Gabriela. Entonces dejé de verla cada semana, pero la veía cada cuanto e intermitentemente, nunca perdíamos la pista de la otra.

Pasaron los años y la complicidad creció mucho. Pocas veces la visité en un lugar público y siempre nos veíamos en la sala de su casa, a veces me ofrecía algo de comer de lo que ella cocinaba mientras se iban las horas platicando, riendo y hasta poniendo apodos. Siempre pensé que era igualita a María su perra más amada, ella también lo creía y después de María llegaron Ximena, Andrea y Rosaura. Siempre nos encontramos y compartimos lectura, me regalaba sus libros, siempre pedía que nos tocara juntas en la misma mesa de lectura, yo la invitaba a algunos encuentros con poetas de mi edad y varias veces compartimos cuarto de hotel o de residencia en los encuentros de poesía. Las perras comenzaron a quererme y yo a ellas y después ella quiso a mis amigos, nos recibía y nos sentíamos seguros con su casa. Viajamos juntas a algunas ciudades, compartimos la sorpresa de algunas lecturas y autores. Ahora que soy mediadora de lectura, me gusta pensar que antes de conocer los conceptos, ella me enseñó de hospitalidad y horizontalidad, no había edades, había poesía.

Una vez, mientras me leía en voz alta su autobiografía, su texto más potente y bello, me dijo que estaba feliz que yo la escuchara, porque ella creía en mí y yo en ella, como autoras y como lectoras sobre todo, que yo era como su hermana y que agradecía habernos encontrado y saber que existíamos en la misma ciudad y coincidido en el mismo tiempo, era un regalo y yo creía lo mismo, mientras tanto acariciábamos a Ximena que parecía comprender cada párrafo de esa biografía novelada. Podría decir que conozco la historia de cada poemario y cada libro, no porque lo haya vivido sino porque ella me lo contó, la historia de su propio funeral a los veintitantos, su enamoramiento precoz con la virgen de los gozos, sus fracturas, sus etapas de internación en clínicas, de sus amores y su divorcio. De ella conservo su voz, sus abrazos, la entrega de compartir honestidad en sus textos y su vida. Comparto también el sueño de un poemario que se quedó como su título, A punto de suceder, un poemario que era un objeto como el que nos encontrábamos en los bazares, reescrito no sólo con las manos de Gabriela, sino envuelto de alambres, coladeras, llaves oxidadas. Dentro de ese libro objeto de cartón, habría dentro manitas de plástico de muñecas, como una caja de secretos donde había fotografías de ella con sus perras, radiografías, un cachito de la intimidad de una casa que recuerdo intacta en la memoria y donde también habitaban los personajes de sus patadas bajo la mesa, un antiguo poemario que conmigo renombró como: A punto de suceder. Después de ese duelo que no termina, me gusta pensar que planeó todo para que sus amigos y quienes la amamos continuemos con su obra, no sólo en la memoria sino poniéndola a disposición de nuevos lectores que la cobijen y la adopten, tal como me adoptó a mí a los trece y me enseñó a pensar y vivir poesía. Celebro que los migueles: Andrade y Maldonado, trabajen en el proyecto de sus obras completas y compartan en su gentileza y oficio de edición, lo que Gabriela es para nosotros, una luz, una herencia y un camino.

 

LIBRO OBJETO

Algoapuntodesuceder se me pasea Escalofríos a brazos y piernas dormidos se revuelve en el estómago a punto de sucedes bilis en el vómito mañanero a punto de suceder me persigue muy de cerca a punto de suceder me susurra los oídos que algo a punto de suceder ya se habla a mis espaldas a punto de suceder de cerca muy de cerca algo a punto de suceder se presiente y los perros se lo aúllan donde haygatoencerrado Algopunto-desuceder ya me brinca encima cierro puños aprieto los ojos a punto de suceder me muerdo la lengua para no tener que gritar dolores en el miedo a punto de suceder

 

la nariz te llora los ojos se cagan tu culo moquea sigues

limpiándote con la ropa limpia de antier y así sales a la calle y te vas al restorán a la iglesia a la playa al cine al bar a ver a tu madre a pagar la luz con la ropa de antier

 

Mitómanarealidad me revienta la vista despierto los ojo abiertos quedo anclada hilvanada a la cama los sueños zurcidos los lamentos no consuelan a la noche médula espinal me chilla la ambulancia ¿la puedes esperar? Quién rompió los cristales anoche se robaron los espantabrujas reventaron la cuerda del alhajero amanacernos desnudas Lasvergüenzas no (debemos) debimos pisar el tapetedebienvenida la mentira y el agua de la llave nos trajeron amibas ya espinazo no se truena el beso de buenos días ya no sé da el café no camina a la cama desayunarse miradas discretas nos acusa el rencor muerto de hambre por preferir el ayuno mentiras en el estómago revuelto la desnudez se avergüenza en los sexos se soba(n) los dolores el amor se ocupa de otras que quedan sin resolver

 

el miedo se pega a los huesos los perros lamen suda las manos se clava en la garganta

                                                            se vuelve sed sudor en la punta del ano punza mi vagina arde pared del estómago me pone sorda el paso los pasos en la azotea no callan el miedo bajo misamalgamas

 

Uno se viene diciendo de la mañana a la tarde que de los males el menos porque cuando llega la noche es cuando Uno se está mal… y es por las noches cuando Uno se está mal porque de día solo se está malinformado malentendido  malcomido malvenido maldicho malherido malintencionado malformado maleducado maloliente maltendido malversado maladiciente malaconsejado maldecido malagradecido malvivido malvendido maltratado malagradecido maldito malaventurado malacostumbrado a pasarla mal y malencarado Uno se viene diciendo de la mañana a la tarde que de los males al menos porque cuando llega la noche es cuando Uno está mal

 

me pateo las espinillas para no permitirme ni un paso al escondite no es fácil al escondite de nuevo ya gabriela arrúllate a esa niña que te sigue llorando arrúllatela (o cógetela) en silencio queda y satisfecha y no te arrepientas y no te lamentes ven por ti que Nadie vendrá por ti a donde tu revuelcas Miedo no se arrepiente Miedo te va a seguir y los pasos y golpeteos en la loza y los pst pst que te tocan el hombro que te hablan parte baja de la espalda entre palabras y patadas en las espinillas

Puntos de venta