Lenguaje vibrante en palabras etéreas

Alicia V. Ramírez Olivares

Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

 

Gabriela Puente (1973-2020) escritora poblana destacada, crítica de cine y amiga entrañable. Un nombre que Puebla debe recordar como integrante importante de la historia de la literatura en México.

Conocí a Gaby Puente en la década de los noventa en el medio del rock poblano, coincidíamos en conciertos, tocadas y de repente ella llegaba al programa de radio Cambio de piel en Sí FM (98.7 de FM), el cual era dedicado al rock en español, con una sección importante de rock poblano, un programa que hacíamos Alejandro Palma Castro, José A. Sánchez Carbó (Pepe), Alfredo Morales Castro y yo (Alicia). Desde entonces Gaby era así: irreverente, tan llena de propuestas contraculturales. Años más tarde, en la siguiente década, nos encontramos en el medio literario, donde su voz tenía un aire de mando y sin dejar de romper paradigmas.

Su obra me impactó tanto que decidí invitarla a uno de los primeros Coloquios que realicé en la BUAP sobre escritoras femeninas junto con Patricia González Gómez-Cásseres, donde Elena Poniatowska y Sandra Cisneros fueron las conferencistas magistrales como escritoras y la Dra. Susan Carvalho como crítica de la literatura femenina. Las poetas invitadas para este llamado Coloquio Internacional Palabra y Género en 2007 fueron Jazmín Carrasco Hernández (México), Mónica Gontovnik (Colombia), Miraceti Jiménez (México) y Gabriela Puente (México). Recuerdo que ese día impactó mucho la obra de Gaby Puente por la fortaleza de una voz femenina rompiendo la solemnidad de la poesía, de tal modo que todas nos sentimos identificadas en un momento con su escritura.

La obra literaria de Gabriela Puente se condensa en distintos libros, comenzando por una publicación realizada con José Bayro, titulada Quejas y garabatos (2003); el libro El destrazadero (2005), con el subtítulo “(cuaderno de los ya ni modos)”, del cual se puede hablar incluso desde el paratexto al analizar el material (papel de estraza) con el que está hecho, además de que cuenta con un letrero que dice “Parental Advaisory Explicit Lyrics” y luego la leyenda “este cuaderno puede ser de W.C. y reusable. (después de leerlo, límpiese)” (4). Adicional a ello, los libros Necrología (2006), producto del Premio Interamericano de Poesía Navachiste 2005; Papelera (2006), Patadas bajo la mesa (2008), Bitácora del mundo de los imposibles (2010) y Retrato hablado de un bilioso (Inédito). De igual manera fue antologada en distintas obras de circulación nacional e internacional como Confluencias en México: palabra y género (2007), Descifrar el laberinto: compendio de poesía (2007) y La muerte es un sueño (2009). También se divulgaron sus poemas en diversos suplementos culturales de los diarios de mayor circulación, así como en diferentes revistas especializadas como Erinias.

En este apartado, como homenaje a una poeta inolvidable, recopilo parte de lo que había trabajado y publicado sobre la poesía de Gaby Puente, en donde insisto que el lenguaje que se da a través de las imágenes de la voz y la escritura, será crucial para mostrar un sujeto femenino con una perspectiva de libertad, de ruptura y de creación de un yo en la cotidianeidad del caos, de la posmodernidad, de la posibilidad de plantarse e inventar por relación con lo simple, porque para ella todo está en conexión. Por ello, el sujeto lírico configura una mujer crítica que, a través de la ironía y un humor negro, logra cuestionar un sistema que hemos llamado de “orden patriarcal”, pero del que demuestra que no existe nada de orden, sino que todo es caótico. El pensamiento de Hélène Cixous en La risa de la medusa (1978) apoyará este estudio, así como Sujetos nómnades (2002) de Rosi Braidotti.

Gabriela Puente expone su voz poética juguetona a través de analogías o por relación, ya sea de sonidos o de imágenes, y concluye con una reflexión en torno a su condición de sujeto femenino como testigo ocular del mundo:

gritas,

                     vociferas... desde arriba.

        

                     eres dios y no te escucho,

                                                no hago esfuerzo,

                                                         tus labios se mueven.

 

a mis oídos sólo llega interferencia

                                 y tú, omnipotente, desapareces,

 

                                                   mientras me mientas la madre. (Necrología, 41)

 

En este poema, Gabriela Puente hace uso del lenguaje coloquial, que permite crear imágenes de la vida cotidiana. La distribución de los versos con espacios en blanco marca pausas que ayudan a establecer la analogía que se logra entre un grito que viene de arriba y que no dice nada para la voz poética, ni para el lector o lectora, con la altivez de alguien que grita y la omnipotencia y presencia abstracta de dios. El empleo de apóstrofe para dirigirse a esa voz sin presencia y sin comunicación remarca la conclusión que creará en quien lee una sonrisa, causada por la “desfamiliarización”[1] que provoca una mentada de madre en el poema. La autora deconstruye el lenguaje poético y se reafirma en lo cotidiano. Le concede poder al lenguaje y a la escritura, porque al remarcar la “interferencia” que provoca un grito, marca la falta de comunicación que se da y el poco entendimiento de la voz poética ante ese grito; sin embargo, la comunicación se logra a través de ese acto cotidiano y popular de mentar la madre y ahí radica el hecho de que la voz poética logre la decodificación, puesto que a partir de ese acto entiende el mensaje. Gabriela Puente plasma en la palabra escrita, en la poesía, este lenguaje popular y lo transforma para insertar su sujeto femenino en la vida cotidiana. Además, el hecho de marcar en “negritas” la palabra “gritas”, nos hace pensar en la reproducción del sonido a través de la escritura, por ello juega con el lenguaje en el que incluso plasma la idea de un grito que termina en solo la decodificación de un enojo a través del dominio de un lenguaje coloquial.

Rossi Braidotti en Sujetos nómades afirma que “aunque la imagen de los ‘sujetos nómades’ esté inspirada en la experiencia de personas o culturas que son literalmente nómades, aquí el nomadismo en cuestión se refiere al tipo de conciencia crítica que se resiste a establecerse en los modos socialmente codificados de pensamiento y conducta” (31). Por tanto, desde la escritura, Gaby Puente muestra un nomadismo a través de la ruptura de esa imagen que representa una mentada de madre en el poema.

 

También Puente logra configurar un sujeto femenino totalmente gozoso de la mujer, hace una escritura del cuerpo que permite entender imágenes donde el cuerpo femenino como sujeto y objeto de deseo se vuelve el centro de su configuración. El sujeto lírico busca a través del lenguaje un reflejo de lo femenino desde las sensaciones corporales:

bajo espuma

           tu piel: espuma

             soy estropajo

            hierve el jabón

     que gota a gota se desteje

            charco vaginal,

             yo alcantarilla

regadera de mano entre tus piernas

        donde el agua se recicla. (Papelera, 38)

 

Aquí el cuerpo femenino se vislumbra en la ducha. Desde el título “bajo espuma” nos da una idea, pero se va configurando un sujeto también a través de la distribución de la forma de las líneas de los versos. Nuevamente, se observa que hay imágenes que se van creando también desde los espacios y el hecho de que se encuentre distribuido el poema como centrado, pues es justo el centro de ese universo femenino. El cuerpo de la mujer representado en la piel, comparada con la espuma y el sujeto lírico que la palpa y distribuye al ser “un estropajo”. La metáfora es simple y sencilla, pero nos remite a la idea de la desnudez y de la sensación corporal en la que hay calor, por ello el jabón hierve, acto que se equipara a lavar ropa y hervir el jabón para limpiar; aquí ese acto es purificante, por ello la idea de la espuma como una imagen blanca de pureza. Sin embargo, la pureza se da a través del yo lírico, quien con ese acto de “limpiar” al ser estropajo, también logra un orgasmo en el objeto de deseo cuando dice “que gota a gota se desteje/charco vaginal”, pero vuelve a colocarse como receptora de esos fluidos y se equipara a una alcantarilla donde se recicla el agua. El hecho de reciclar es porque hay una identificación con el objeto de deseo, es la otra, pero al mismo tiempo es el sujeto lírico que vive y se purifica a través de ese fluido, el cual es continuo por ello es que se recicla. Es continuo porque finalmente el yo lírico también se vuelve ese fluido charco vaginal.

De acuerdo con Hélène Cixous, la mujer “materializa carnalmente lo que piensa, lo expresa con su cuerpo” (55) y a través de ello ratifica su ser femenino. Aquí la voz lírica emplea las imágenes del cuerpo femenino como objeto de deseo, pero ese objeto se convierte en el mismo sujeto a través de la imagen del agua reciclada.

En Gabriela Puente el cuerpo también es la escritura y reafirmación de su ser femenino:

nosología de vías urinarias

cuando estoy contenta, seguro,

orino caliente.

 

pero ¿y cuando ni siquiera orino?

me toco fría,

y acostada no me mareo.

¿será que extraño

dónde quedó tu calor?              (El destrazadero, 26)

 

El cuerpo en este caso no se refiere a algo erótico; sin embargo, da la idea de lo frío de la soledad y lo caliente de la felicidad, sensaciones corporales producidas por un/a tercero/a y por sí misma. Hay calor cuando hay felicidad, proximidad con el/a otro/a y en el acto de orinar. Hay frío en la ausencia del/a otro/a y en la ausencia de la orina. El ser amado no está y la voz poética se reafirma en la sensación del cuerpo.

En este aspecto se nota una Gabriela Puente subversiva y al respecto Hélène Cixous afirma que: “un texto femenino no puede no ser más que subversivo […] Escribir […] le restituirá [a la mujer] sus bienes, sus placeres, sus órganos, sus inmensos territorios corporales cerrados y precintados” (61). Por tanto, la voz poética en Gabriela Puente transgrede las imágenes poéticas para presentar al sujeto femenino a través de las diferentes funciones del cuerpo y las imágenes tan poco convencionales para la poesía como el hecho de sustituir el calor del cuerpo del/a otro/a con el calor de la orina que despide el propio cuerpo de la voz poética.

Con estas imágenes la poeta no sólo transgrede, sino que además deconstruye el lenguaje poético para insertarse en la vida cotidiana. Juega constantemente con palabras y actos decodificados tan comúnmente por los seres humanos y los plasma en la poesía, lo que hace que Gabriela Puente reestructure el lenguaje poético con el lenguaje y las sensaciones cotidianas; ello lleva a la deconstrucción de la misma poesía para reafirmar las sensaciones y sentimientos de un sujeto femenino.

Gabriela Puente retoma al lenguaje y lo transforma, juega con los referentes que tenemos de las palabras para después romperlos y darnos otras imágenes a partir de lo que se nos hace cotidiano. En el libro de Patadas bajo la mesa, hay una ruptura también en la forma de la poesía, pues hace poemas narrativos en los que emplea personajes que nos son cotidianos como “Otro”, “Tiempo”, “Miedo”, “Yanoseacuerda”, “Lonegará”, entre otros. Con esto incluso logra personificar acciones, pensamientos, colectivos, los cuales serán un constructo de ese yo lírico femenino que configura el mundo caótico a través de la apropiación del lenguaje, pero también del espacio y el tiempo. Retoma verbos, adjetivos, pronombres, y los convierte en una sensación, en una expresión, en el mundo caótico interno que urge escupir a través de las palabras, pero aquellas palabras que después de Gaby Puente, tienen otro sentido. Por eso escribe:

Yo también ya se cansó de hablar todo el día con Eldeatrásdetusespaldas no está bien ese güey ya sabe todo y con Todos lo está usando en tu contra pero Losveinticincomiligramos les bajan el volumen y de todos modos Esperanza dice que no va a venir porque a Tiempo se le hizo tarde lo que queda es no soñar ojos cerrados olvidar a Miedo para que él se olvide de asustarte. (Patadas bajo la mesa,  )

Hay un mundo interno en caos que fluye con la apropiación de nombres, con la apropiación del espacio para escribirlos. Nunca deja la ironía por medio de la referencia; así, por ejemplo el hecho de que a Tiempo se le haga tarde logra romper con el esquema mental que tenemos sobre las palabras y así internarnos a este pensamiento caótico en donde el sinsentido es parte de ese mundo que plantea.

Rosi Braidotti propone que “la conciencia nómade es análoga a lo que Foucault llamó la contramemoria, es una forma de resistirse a la asimilación u homologación con las formas dominantes de representación del yo” (62) y en Gabriela Puente se nota esa conciencia nómade que siempre busca distintas representaciones del yo, ¿será por eso había que darle “patadas bajo la mesa”, al romper con estas formas?

Gabriela Puente también libera al sujeto femenino a través del cuerpo y por ello describe explícitamente:

la vagina,

humedece sus arrugas;

virgen de nariz pequeña,

deja caer sus lágrimas

hasta la cueva.

después, desahogada,

se oculta

                                                       en medio de tus piernas.    (Papelera, 13)

 

En este poema la escritura se vuelve un medio del lenguaje y la autora no sólo utiliza la palabra para describir a la vagina, sino que también emplea la forma y se puede percibir una imagen de una matriz, formada a través de la distribución de las palabras.

Gabriela Puente personaliza una de las partes más importantes del cuerpo femenino y la equipara a una virgen. Emplea apóstrofe además para dirigirse directamente al lector y cuando dice “se oculta en medio de tus piernas” lo involucra directamente y con ello logra que el cuerpo femenino trascienda incluso el género. Al respecto dice Hélène Cixous:

no es obra del azar: la mujer tiene algo de pájaro y de ladrón, al igual que el ladrón tiene algo de mujer y de pájaro: ellos (<illes>) pasan, huyen, disfrutan desbaratando el orden del espacio, desorientándolo, cambiando de lugar los muebles, las cosas, los valores, rompiendo, vaciando estructuras, poniendo patas arriba lo considerado como pertinente (61).

Gabriela Puente impone al ser femenino en quien la lee, el cuerpo representa también la forma de transgredir para imponer.

Establece un diálogo con quien la lee a través de distintas imágenes comunes, pero poco convencionales para la poesía, esto en algunas personas causará una sonrisa por la ironía que maneja y por la identificación que se logra y, en otras personas, causará incomodidad precisamente por esa identificación de la que muchas veces se quiere huir. Sin embargo, la poeta logra esa reflexión que pone en tela de juicio al sujeto dentro de la vida cotidiana. No existe un verdadero centro o verdad, es la deconstrucción del ser, y con esto logra insertar al ser femenino en la cotidianeidad la sociedad mexicana a través del lenguaje, las imágenes y las sensaciones comunes.

Gabriela Puente transgrede y lo reconoce en la voz poética, pero además advierte sobre su manejo del lenguaje:

IV

cautela

 

lo veo todo como es

y no me gusta lo que veo

por eso pregunto de modo correcto

¿se ve mal si escribo?

 

porque lo que se va a ver mal

es lo que voy a escribir,

 

lo que escribo. (Retrato hablado de un bilioso, 5)

 

En este caso la voz poética recrea el acto de escribir y reconoce esa desfamiliarización en la que caerá el/la lector/a que se adentre y descifre sus códigos. El lenguaje es crudo, sin adornos, pero musical; por ello Hélène Cixous dice que la mujer escribe las cosas como son, “Exclamación, grito, ahogo, aullido, tos, vómito, música. Ella se va. Pierde. Así escribe, como se lanza la voz, hacia delante, en el vacío. Se aleja, avanza, no vuelve sobre sus pasos para examinarlos” (57). En Gaby Puente las imágenes que maneja salen directamente de su voz, su valor radica en destacar esa voz del sujeto femenino a través del lenguaje cotidiano en la rutina diaria. El lenguaje le confiere un lugar privilegiado en un mundo común y corriente, donde las imágenes además son tan rápidas por la percepción y agobio del tiempo.

En Gabriela Puente hay transgresión y el cuerpo se convierte en la esencia de la voz poética que transmite un “yo” capaz de sobrepasar los límites. El uso del cuerpo en esta autora va más allá de la simple imagen que se ha creado del cuerpo femenino como objeto y lo lleva a ser parte de un sujeto con emociones y sensaciones cotidianas como el acto de orinar o la vagina que “se oculta en medio de tus piernas” y que trasciende la sexualidad y el género de quien la lee. Por tanto, deconstruye el imaginario colectivo del cuerpo femenino y lo utiliza para lograr nuevos códigos e interpretaciones sobre él. El cuerpo es parte de la esencia y por tanto, es una parte importante desde la que se debe escribir. Además, se deconstruye como un sujeto nómade femenino en donde el devenir mujer parte justamente de la ruptura de lo hegemónico. Hay un sujeto femenino que logra un devenir mujer en la voz, en la palabra, en la irreverencia.

Hay una línea escritural que traza un yo en deconstrucción, un yo fuera de la normatividad y que se reinventa:

II

no me reconozco;

en el espejo, el espanto.

mis ojos, ante los míos,

asesinan palabras (Necrología, 50)

 

El acto de asesinar las palabras se da ante el espejo porque es necesario recrear, el yo poético sabe que tritura el lenguaje en su creación, pero ese acto de la escritura, también la vuelve otra, hay un juego entre la que escribe y la que percibimos, por ello no se reconoce a pesar de que los ojos saben que se ve a sí misma. Siempre hay un ir y venir entre la escritura y el yo.

Rosi Braidotti propone que “El pensamiento nómade es el proyecto que consiste en expresar y nombrar figuraciones diferentes para representar este tipo de subjetividad descentrada” (73), en donde la figuración es la forma de representación del sujeto femenino. Por tanto, la figuración del sujeto femenino que propone Gabriela Puente en su escritura es de un sujeto de ruptura, rompe con la idea también de la hetrosexualidad como forma de deseo. Por ello escribe:

 

las niñas bonitas

me besan en el baño

nunca lo hacen,

solo en el baño

            borrachas me besan,

            mañana lo olvidan

            yo

            siempre lo recuerdo.                (Papelera, 31)

 

Nuevamente con ironía habla sobre los besos secretos de las niñas en los baños. Primero, hace alusión a una figura que además hace referencia a una ronda infantil que es “El patio de mi casa” que alude a la obediencia de “las niñas bonitas”, con ello se burla al configurar otro tipo de “niñas bonitas” que borrachas besan en los baños y que, hipócritamente, después se hacen las desentendidas. Pero alude a un yo poético auténtico que tiene memoria y que además asume su deseo y su personalidad.

El acto de escribir en Gabriela Puente además también representa una transgresión de la que la autora está consciente y deconstruye el lenguaje poético para contextualizar un paisaje cotidiano con actos y palabras comunes, con el fin de insertar al sujeto femenino en el ámbito habitual al que pertenece. La desfamiliarización que producen sus textos son una crítica y reflexión de lo que se vive en las calles, en la casa, en el interior del ser. Logra una sonrisa o incomodidad ante la realidad que refleja sin tapujos del lenguaje, ni de imágenes.

Gabriela Puente, la voz irreverente, la mujer de la palabra, la amiga que me cambió los referentes, muestra una obra en la que en un acto lúdico se burla de las buenas costumbres, de las hipocresías y habla desde lo caótico que es el mundo, desde la realidad del cuerpo, desde el sujeto nómade que es políglota capaz de emplear en un lenguaje poético, la  cotidianeidad de las palabras, de los referentes e imágenes de dominio popular para, a través del ritmo y de las imágenes que construye hasta en la forma en que presenta los poemas, cambiar la significación de las palabras sin tapujos. Por ello, la despedida que Gaby nos dejó fue:

 

            despedida

digo     a          dios

tú         al         demonio          (El destrazadero, 58)

 

Su voz sigue cantando en el espacio literario, lo volátil que deja radica en sus imágenes, aquellas que la poeta dibuja desde el dolor, pero fijado en el chiste, en la risa por la falsedad que pone en evidencia. El cuerpo femenino desde el margen de la existencia, desde la enfermedad, desde su sexualidad. Así, nos deja Gaby, ella etérea y nosotros, al demonio con este mundo caótico.

 

Fuentes citadas

 

Braidotti, Rosi. Sujetos nómades. Buenos Aires: Paidós, 2000.

Cixous, Hélène. La risa de la medusa. Ensayos sobre la escritura. Barcelona: Anthropos, 2001.

González, Patricia y Alicia V. Ramírez Olivares. Confluencias en México: palabra y género. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Dirección de Fomento Editorial, 2007.

Lecumberri, José Miguel, Gabriela Puente e Ian Soriano. Descifrar el laberinto: compendio de poesía. México DF: Versodestierro (Las orquídeas polémicas), 2007

Puente, Gabriela. El destrazadero (cuaderno de los ya ni modos). Puebla: Straza Ediciones, Serie poesía volante, 2004.

_____________Necrología. Guasave: Navachiste Ediciones, Colección el Jején Africano, 2006.

 

_____________Papelera. Puebla: UDLA, 2006.

_____________Patadas bajo la mesa.  México, DF: Anónimo Drama Ediciones, 2008.

_____________Bitácora del mundo de los imposibles. Puebla: Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, 2010.

_____________Retrato hablado de un bilioso. Inédito.

Varios autores. La muerte es un sueño. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Serie Los Urbanos) e Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, 2009.

Viñas Piquer, David. Historia de la crítica literaria. Barcelona: Ariel, 2002.

 

[1] El concepto de “desfamiliarización” que el formalista ruso Víctor Sklovski trabaja consiste en lograr hacer que algo cotidiano o familiar resulte sorprendente y David Viñas Piquer en Historia de la crítica literaria lo explica con detenimiento.  (p. 362-63)

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