GABRIELA mi Gloria

Judith Tiburcio

Yo conocí a Gabriela con la palabra muerte en la boca, ella es y fue mi gran maestra, me recibió con una piña con vodka en una bolsa de plástico y un decadente popote, el enamoramiento fue inmediato, dos almas que se reconocieron en este plano porque ellas ya habían estado en muchos planos antes, yo se que ella estaría furiosa de que hablara de estos planos esotéricos, espirituales, místicos y hasta cierto punto religiosos. Fue entrar a su laberinto mental y físico que era lo único que ella hubiera aprobado que escribiera en este papel, la materia blanca, plana y suave donde se podría deslizar la tinta que tanto amábamos las dos, con suaves movimientos de mano y dedos, esa fuerza que ejerce la mente a través de los pensamientos creados de la experiencia, el subconsciente, y el consciente del dolor, la risa, las alegrías, el calor del sexo, que irrita de diferentes maneras las neuronas para escupir en tinta lo que sale del corazón, del alma y el espíritu, hoy con tristeza y dolor lo escribo porque yo pensé que iba a ser “eterno” que la tendría por siempre que ella me iría a despedir en mi tumba y porqué no! que me escribiría mi orbitario, nuestras grandes e insuperables vivencias de amor, desamor, tristezas, y sexo con degustaciones de manjares con su mamá Doña () siempre rodeadas de sensualidad, palabras y risas. Hoy lo digo con angustia, con un revolcón entre mis ojos hinchados de lagrimas que sostienen las lagrimas de mis ojos mas no de mi alma, se fue en época de pandemia donde cayeron muchos peones pero resulta que ella era reina.

Yo la seguí como quien sigue al gran maestro; “deja todo y sígueme” era un mutuo amor una mutua admiración ella aprendía de mi y yo aprendí de ella, era una alma vieja una Anais Nin, una Janis Japlin, una Patti Smith, una rockera implacable, lo mostro en letras que serán dignas de rockearlas, Gloria¡¡¡¡¡

Nos quedamos en la bolsa de plástico con una “piña” como ella siempre me decía vamos por una piña y yo le decía pinche Gaby son las once, pero así siempre compartíamos ella con su piña y yo con mi igual adictivo café, caminando las calles del antico centro poblano entre losetas de piedra, mosaicos de cemento dibujados con colores de experiencias que nunca conocimos pero intuíamos juntas.

Compartíamos nuestros proyectos ambos en papel, yo con imágenes llenas de colores y formas y ella con letras que formaban palabras, metáforas mal sonantes para romperles los tímpanos a la sociedad, rompiendo estructuras y barriendo estructuras llenas de tabús y mierdas como quien levanta la mierda que nadie quiere recoger. Yo en el formato social de un matrimonio tronado con hijos y ella en un mundo lésbico intentando adaptarlo a la nueva sociedad abierta y libre de estructuras impuestas que nunca han funcionado ni funcionaran a la que la mayoría nos atenemos por miedo a lo que ella nunca tuvo miedo, por eso, y el arte estábamos juntas, porque nuestra mirada veía mas allá de lo que pocos pueden ver, porque lo caótico recoge la mierda de lo que todos cagan y pocos se atreven a levantar dando como resultado una locura a lo Artaud, a los poetas malditos que se atreven a no hacer, sino a vivir lo que nadie se atreve hacer, pero esto lleva a quebrar lo estable, al matrimonio, a la familia modelo, a las misas de los domingos con zapatos de charol y los “bostonianos” boleados, ella me ayudo a encontrar lo que realmente quería y eso nunca lo olvidare es de las personas mas respetables que he conocido en mi vida porque actuaba y vivía con la verdad y esto no se contradice con su mitomanía de historias y anécdotas que su mente creativa y fantasiosa lograba crear, historias dignas de una novela de Gabriel García Marquez, ojala y hubiera escrito novelas porque eso la hubiera salvado de su sabia locura. Sus grandes historias de amor que compartí hasta lo ultimo, Paty, Tabatta, Anita, Zaira y Sandra.

Tantos amigos que conocí o conocí a través de ella que todavía no nos hemos dado cuenta de lo que perdimos.

Pero volvamos a la bolsa de la “piña”.

Como mi niña se tenia que levantar de la cama cada mañana con un vaso de vodka en el bureau para poder levantarse de la cama, ¿que cargaba esa alma? para poder poner esos piecitos al piso y dar sus primeros pasos al día.  ¿Que cargaba? que ni ella lo sabia. Mi pequeña rubia de risos dorados. Te extraño y extrañaré.

 

Tu siempre amiga Buga Judas

 

Gloria, Patti Smith

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